lunes, 28 de octubre de 2013

POR UN FEMINISMO DE CLASE.

“El gran movimiento de verdadera emancipación no se ha encontrado con una gran raza de mujeres que puedan mirar la libertad a la cara. Su visión estrecha y puritana ha desterrado de su vida emocional al varón como personaje molesto y dudoso.”
Emma Goldman

El movimiento feminista o de liberación de la mujer en la época contemporánea hunde sus orígenes en la época de las revoluciones burguesas de los siglos XVIII y XIX. Estas primeras luchas centraban sus reivindicaciones en conseguir el acceso de la mujer a la educación, al sufragio y a los puestos de trabajos hasta entonces vetados. Pronto y, paralelamente, surgen gritos que claman por la liberación de la mujer y la igualdad entre sexos dentro de movimientos políticos de carácter obrero, pero que entienden que la mujer sólo podrá emanciparse de su tradicional rol si es construyendo una nueva sociedad.

Han pasado los años y, si bien es cierto, que el derecho al sufragio está ampliamente extendido, así como otras máximas de estas primaras feministas, no por ello la mujer ha dejado de estar relegada a un segundo plano en el seno de las sociedades patriarcales y sufre constantemente de una explotación por el género dominante que se refleja en aspectos tan cotidianos como los roles domésticos, la desigualdad salarial e incluso el lenguaje.

La experiencia histórica lo demuestra: sólo entendiendo que la desigualdad se debe a la naturaleza de la doble explotación de la mujer, por el patriarcado y por el capitalismo, podemos construir un verdadero feminismo de clase, coherente y combativo.

Sin embargo, seguimos viendo como se multiplican aquellos movimientos feministas que renuncian a liberar a la mujer de las cadenas que la atan a su rol social y económico, y que consideran que es suficiente luchar por la independencia de las mujeres como seres aislados de todo contexto y condiciones. Movimientos como FEMEN, fundado en Ucrania en 2008 olvidan que el enemigo no es ni la legislación, ni la religión, ni mucho menos el varón, sino todo el sistema de valores establecidos y marcados por las conveniencias de una sociedad que relega a las mujeres a un ámbito secundario. Además, dichas activistas hacen un flaco favor con su puritanismo y su estrechez de miras que llevan a recurrir a determinados métodos de lucha que, aparte de llamar la atención mediática, poco hacen por la dignidad femenina.

Junto a los feminismos sin contenido político, otro de los enemigos internos a los que hay que combatir, son aquellos movimientos izquierdistas y vacíos de contenido más allá de la agitación digital y la acción directa y autodenominados revolucionarios. Debemos luchar por un feminismo organizado y solidario con el resto de problemáticas que diariamente sufre el proletariado. Un feminismo de clase, internacionalista y sensible al resto de víctimas del capitalismo.
  

El verdadero feminismo por el que luchamos no es una obra exclusivamente de mujeres, ni su seña de identidad son unos pechos al aire, sino que clama por la liberación de la mujer en la familia, en el trabajo y en la sociedad. Tampoco es un feminismo aislado del resto de luchas, ni independiente, sino imbricado en un verdadero proyecto de futuro. Sólo así podemos destruir el patriarcado. Por eso, en el Bloque Joven de Valdemoro entendemos que sólo una lucha articulada y organizada contra el capitalismo, desde todos sus frentes (antifascismo, feminismo, antiimperialismo, ecologismo etc.) permitirá la emancipación de todos y todas los oprimidos. 

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